Bienvenido a la Casa de Dios

¡Hola, te damos la bienvenida! Nos encanta tenerte con nosotros en el día de hoy. En la Iglesia Emanuel (Sede Roblemar) nos alegramos por tu visita. Tú eres bienvenido, el Padre te estaba esperando.

Hoy has llegado a este lugar y no es casualidad que tú estés con nosotros en este día, Dios preparó este momento desde antes de la fundación del mundo.

El evangelio en Lucas 15:11-32 nos narra la parábola del hijo prodigo,

«Y Jesús dijo: Cierto hombre tenía dos hijos;

y el menor de ellos le dijo al padre: «Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde.» Y él les repartió sus bienes.

No muchos días después, el hijo menor, juntándolo todo, partió a un país lejano, y allí malgastó su hacienda viviendo perdidamente.

Cuando lo había gastado todo, vino una gran hambre en aquel país, y comenzó a pasar necesidad.

Entonces fue y se acercó a uno de los ciudadanos de aquel país, y él lo mandó a sus campos a apacentar cerdos.

Y deseaba llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba nada.

Entonces, volviendo en sí, dijo: «¡Cuántos de los trabajadores de mi padre tienen pan de sobra, pero yo aquí perezco de hambre!

«Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: ‘Padre, he pecado contra el cielo y ante ti;

ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo; hazme como uno de tus trabajadores.'»

Y levantándose, fue a su padre. Y cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y sintió compasión por él, y corrió, se echó sobre su cuello y lo besó.

Y el hijo le dijo: «Padre, he pecado contra el cielo y ante ti; ya no soy digno de ser llamado hijo tuyo.»

Pero el padre dijo a sus siervos: «Pronto; traed la mejor ropa y vestidlo, y poned un anillo en su mano y sandalias en los pies;

y traed el becerro engordado, matadlo, y comamos y regocijémonos;

porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado.» Y comenzaron a regocijarse.

Y su hijo mayor estaba en el campo, y cuando vino y se acercó a la casa, oyó música y danzas.

Y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era todo aquello.

Y él le dijo: «Tu hermano ha venido, y tu padre ha matado el becerro engordado porque lo ha recibido sano y salvo.»

Entonces él se enojó y no quería entrar. Salió su padre y le rogaba que entrara.

Pero respondiendo él, le dijo al padre: «Mira, por tantos años te he servido y nunca he desobedecido ninguna orden tuya, y sin embargo, nunca me has dado un cabrito para regocijarme con mis amigos;

pero cuando vino este hijo tuyo, que ha consumido tus bienes con rameras, mataste para él el becerro engordado.»

Y él le dijo: «Hijo mío, tú siempre has estado conmigo, y todo lo mío es tuyo.

«Pero era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque éste, tu hermano, estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado.»

De la parábola del hijo prodigo puedes aprender que:

  1. Dios te ama de la misma manera como el padre amaba a su hijo prodigo.
  2. Así como el hijo prodigo regreso a la casa con su padre, hoy tú necesitas volverte a Dios.
  3. Alejado del Padre, el hijo prodigo vivió Tú, alejado de Dios vives perdidamente, es necesario que hoy te vuelvas a Dios para que vivas la vida abundante junto a él.
  4. En ti hay hambre y sed de encontrar el verdadero propósito de tu vida. El mundo en el cual vivimos no puede saciar el hambre y la sed que hay que hay en ti, solo volviéndote a Dios podrás ser saciado.
  5. Hoy es el día en que tú debes reconocer la profunda necesidad que tienes de volver con Dios. Reconoce tu condición de pecador, arrepiéntete, pídele perdón y vuélvete a él.
  6. Si decides hoy volverte a Dios, él te recibirá con los brazos abiertos, te dará un beso y un abrazo. Dios te dará un lugar como hijo y te hará heredero de su promesa de vida eterna.
  7. Al recibirte, Dios te limpia de tus pecados, quita toda tu maldad, sana tus heridas, te pone un vestido nuevo y prepara una gran fiesta para celebrar tu regreso porque estabas perdido y él te encontró, estabas muerto y él te ha vuelto a la vida.

 

Vuélvete a Dios, pídele perdón que él te recibe con los brazos abiertos.

Esta comunidad cristiana es un lugar de Esperanza, Transformación Y Propósito para ti. Un día nosotros también estuvimos en tu situación, vivimos perdidamente alejados de la casa y de la presencia del Padre. Nos dimos cuenta de la profunda necesidad que teníamos de ser saciados y el mundo en el cual vivimos no satisfacía nuestra hambre y sed de sentido y propósito, alejados del Padre y su presencia nuestra vida languidecida y cada día era una agonía, un vacío en el corazón, nada nos saciaba. Nos dimos cuenta de la profunda necesidad que teníamos de volver a casa con nuestro Padre. Reconocimos nuestra condición de pecadores, nos arrepentimos y decidimos volver con el Padre para pedirle perdón por nuestros pecados. Al volver a casa con el Padre, él nos recibió con los brazos abiertos, nos besó, nos abrazó y nos restituyó a la posición de hijos y herederos de sus promesas de vida eterna. El Padre sanó nuestras heridas, nos puso un vestido nuevo y preparó una gran fiesta para celebrar nuestro regreso porque estábamos perdidos y él nos encontró, estábamos muertos y él nos resucitó. Fue gracias a Jesucristo, su vida de obediencia, su muerte sustituta y su resurrección milagrosa que gozamos de la plenitud de la salvación de Dios en nuestras vidas. Aquí en nuestra Iglesia Cristiana Emanuel “Roblemar” recibimos a todos nuestros hermanos que han decidido arrepentirse de una vida de pecado y vuelven a la casa con el Padre. No vamos a acusarte, ni a discriminarte, nuestro deseo es ayudarte, tenderte una mano para que caminemos juntos con el Padre.

 

Bienvenido a la casa del Padre, somos tus hermanos y estamos aquí para ayudarte a crecer en tu relación con Dios.